Amo a un viejito envuelto en sabanas. Él grita, refunfuña, es odiado por todos; le quito la plancha y le beso la boca, sus costillas desnudas se tambalean de un lado a otro mientras dice con vos frenética y temblorosa:
– ¿Quieres escuchar la historia de la machucha que camina como la luna?
– No, mejor duerma –le respondo – no sueñe tanto y recuerde que tiene que comer.
Una vez al mes come de mi piel, creo en sus palabras y lloramos juntos.
