Continúo con mi soliloquio, organizando ideas y deshaciendo el orden:
Espectros
(Tercera carta)
(Tercera carta)
¿Recuerdas nuestros primeros años postmortem? Fuiste tú la que me enseñaste que uno puede elegir entre el cielo y el infierno estando de pie frente a ambos, dijiste:
“En el cielo hay puros ángeles intelectuales y en el infierno mucha guerra y rock and roll”.
Y antes que pudiese responder a qué lugar pertenezco, te me adelantaste:
“iría durante la semana a ver a Gloria y a Oliva, en el cielo, conversando y bajaría los fines de semana a tomar y a joder en el infierno”.
Te dije que tendría vetado el cielo y me sacarían a patadas del infierno por estar en revueltas sindicales pacifistas. Que defendería los derechos de los no roqueros ni intelectuales y terminaría, con mis compañeros, en el purgatorio; si no fuese porqué el Papa lo ha clausurado meses atrás.
Regresaríamos a la tierra a deambular como almas sin pena (nos las habra confiscado el enorme gorila que cuida la entrada al infierno) ni Gloria (San Pedro le prohíbe la salida). Entonces algunos harían cuatros con tripas de vacío y pedazos de nada, cantaríamos caminando y buscando la forma de hacer tambores.
Recuerdas esos días; recibía toda las noches cartas de amigos que decían: “que fácil es ganarse el cielo, pero que difícil es vivir en él.”
Ahora no tengo con quien hablar, sigues entre las tinieblas y las alturas, no tengo tristeza ni alegría, le escribo al cielo que no quiere oírme, no tengo cuatro, no se tocar ni cantar.
